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sábado, 22 de septiembre de 2012

Sobre la apoteosis de José Tomás en Nimes



Desde que empezó y cada vez en mayor medida, todo lo concerniente al diestro José Tomás fue, es y será considerado como excepcional, único e incomparable. Llevan razón aunque con matices que intento aclarar.

Los que le asemejan a los mejores toreros de la historia e incluso afirman que ha superado a todos, no explican por qué. Si fuera por sus formas de torear, no distinguen entre lo que más fama le dio como trágico y lo que últimamente hace más acorde con lo lógico. Personalmente, siempre preferí la perfección.

Por lo que he visto en los videos – yo no estuve en Nimes – el domingo se acercó mucho a ello aunque he visto lograrlo con más arte, con más temple, con más empaque y, sobre todo, frente a toros bastante más serios que los de Nimes.

Si fuera por su singularidad profesional, no comprendo cómo se puede decir que es el mejor porque si las figuras se limitaran a torear tres corridas al año, serían muy criticadas. La particularidad de Tomás pues, es este aspecto, es que a él se lo consienten e incluso se lo aplauden.

Y si fuera por su fortísima capacidad de atracción, ¿la tendría en igual medida si actuara en al menos 50 corridas por temporada en las plazas más importantes incluidas y se dejara televisar como lo hacen los demás?

Finalmente y aparte la innegable categoría del torero de Galapagar aunque, como todos, han tenido tardes y etapas de distinto rendimiento y forma, lo que más le distancia de las demás estrellas es que a José Tomás le vale todo. Haga lo que haga, la incondicionalidad que le rodea siempre lo toma como superior.

Dejemos pues su apoteosis de Nimes como lo que fue: un gran triunfo frente a seis toros de mediana presencia y justo trapío, perfectamente elegidos en cada una de las ganaderías que eligió entre sus predilectas. Nada menos, por supuesto. Pero nada más.

Por Jose Antonio del Moral

 

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